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Y después del trabajo, ¿qué?

Cuando se ha estado trabajando durante un período prolongado en una misma organización, o cuando el proceso natural de la vida acerca a las personas a la finalización de la carrera laboral, comienza una etapa crítica de transición que genera profundos cambios en las personas, los cuales impactan en las mismas de forma integral: es decir, afectan su tipo de actividad, el uso de su tiempo, las relaciones con sus grupos de pertenencia, sus vínculos familiares, el tipo de recursos de que dispone, los planes para el futuro, etc.

Es decir, la persona se enfrenta a una etapa de corte, que implica cambios profundos o drásticos en su vida.

Si bien algunas personas están esperando que llegue este momento para dejar atrás muchas de las vicisitudes de la vida laboral; cierto es que la mayoría en cambio lo vive como un proceso asociado a la muerte o a la culminación de una etapa fundamental de la vida, donde han aportado o construido, sintiéndose útiles para los demás.

Esto es fácil de comprender si observamos como se vive en términos generales la jubilación. Si bien en los últimos años gracias al avance de la ciencia esta tendencia se ha atenuando, el cese laboral culturalmente se asocia al período que se encamina hacia el termino de la vida. Así entonces, la persona se retira del lugar de prestigio y de “valor” que le proporciona el trabajo.

Ahora, ¿por qué se vive de esta manera?

Básicamente porque durante mucho tiempo la educación reforzó el trabajo y el esfuerzo casi como únicos medios de obtener prestigio, reconocimiento, éxito económico, ascenso social, red de contactos o hasta amistades, que le permitiesen a la persona un desarrollo personal o familiar.

En línea con esto, la creatividad y el tiempo libre, no eran valorados o, más aún -y según el entorno social- podían hasta llegar a ser menospreciados. En general la vida se organiza o se construye en torno a las exigencias laborales. Y por otro lado, para algunas personas, la relación de pertenencia con el trabajo le resulta esencial, por lo que empezar a ocupar más tiempo y dedicar mas atención a otros ámbitos, no les resulta inicialmente atractivo.

En consecuencia, el llegar a esta etapa final o el sólo el hecho de pensar en ella, suele generar en muchas personas, temor, dudas e incertidumbre; y muy frecuentemente prefieren evitar pensar que esto se acerca y que es un proceso natural.

Para atenuar la angustia que puede producir este cambio drástico, es importante que las personas en estas condiciones, cuenten con el soporte de programas –idealmente provistos por las organizaciones que los han cobijado durante tantos años- que los ayuden a visualizar que en ese punto no se termina la vida, sino que empieza una nueva etapa que va a ser diferente, pero que puede ser tan positiva y gratificante como la actual.

Y sabiendo que, si bien las condiciones físicas o anímicas son diferentes (o mejor, ya no son las mismas), estas personas han acumulado amplios conocimientos, “saberes”, transitando experiencias de distinto tipo, que les han otorgado una noción y perspectiva de la vida, que los convierte en individuos ricos y valiosos, que ahora pueden aportar parte de todo lo adquirido en su trayectoria de vida a otras personas, grupos o la comunidad.

No en vano la visión y el background de la gente con una profusa experiencia de vida, complementada con el empuje, el entusiasmo y la proactividad de los más jóvenes, es una preciada combinación que agrega alto valor y suele redundar en excelentes resultados.

Por Raquel Morral

Consultora especializada en Procesos de Gestión de Personas.

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